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Las primeras 24 horas de un joven norteamericano en Sanfermines

 Así vive un joven de 23 años de Michigan el inicio de las fiestas, su primer chupinazo

Llegada a la consigna y a por ropa blanca.

El protagonista de esta historia se llama Brandon, es de Michigan (Estados Unidos), tiene 23 años y desde hace dos meses recorre Europa en autoestop. Viaja solo. Llegó a Pamplona el miércoles, 5 de julio, y prevé quedarse hasta el martes. Lo hace cargado con una mochila de 30 kilogramos con una tienda de campaña en su interior. Su primera intención era dormir en un hostal, pero los precios “desorbitados” le han obligado a dormir al raso. No le importa. Después de San Fermín proseguirá su periplo a Suiza e Italia, donde se encontrará con su novia.
El pasado miércoles entró en la consigna de equipajes a las doce del mediodía y escuchó atento algunas recomendaciones de sus trabajadoras. Ha llegado sin apenas información. Todo lo que conoce de los Sanfermines es gracias a un programa de televisión de su país llamado Black mirror. De hecho, no sabía ni siquiera de la existencia del chupinazo.
Desde un principio deja claro que va a correr el encierro. Lo hará este sábado, en el tramo de Telefónica. “¿Por qué quiero correr?... Busco una historia”, explica. “Mi propia historia”. Algo que le ayude a reencontrarse con la vida, con los pequeños detalles. “Me imagino al día siguiente de correr satisfecho por lo hecho. Por estar vivo. Creo que va a ser un momento en el que desaparezca cualquier preocupación. Y después de superar esta prueba me sentiré agradecido por respirar. Me imagino después de correr apreciando una taza de café, la mejor que haya bebido jamás. A partir de entonces empezaré a apreciar las pequeñas cosas. A disfrutar de la vida. Me siento muy afortunado de esta oportunidad. Y quiero aprovecharla. Esto es lo que significa correr el encierro: saborear de nuevo la vida”. 
El menor de cuatro hermanos y representante de una compañía de automóviles, sonríe travieso al reconocer que sí ha recibido la reprimenda de sus padres. “No les gusta la idea de que corra. Es normal”. En cualquier caso, se muestra seguro. No teme a la falta de información, forma parte de su viaje. Y le gusta la improvisación.

Paseo por la ciudad, últimas compras. Ojos bien abiertos. Todo le sorprende. 

¿Por qué quiero correr? Porque quiero valorar de nuevo la vida.
Antes de dormir al raso en la Vuelta del Castillo, da buena cuenta de un pincho de morcilla,  unos callos y una cazuela de ajoarriero.

Regreso a la consigna para recuperar su mochila. Las trabajadoras le indican dónde dormir.

Y A LA MAÑANA SIGUIENTE (6 DE JULIO)

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