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Mostrando entradas de agosto, 2011

El Arca de la Alianza

"Yo me quejaba porque no tenía zapatos, hasta que conocí a un hombre que no tenía pies”  (proverbio árabe)

Axum, la Jerusalén de Etiopía. Uno de los lugares de peregrinación más importantes del país. Aquí se encuentra el Arca de la Alianza. Al menos así lo asegura la tradición copta ortodoxa. Un anciano custodia la reliquia en una pequeña capilla.  Abba -padre- Mekonen se encarga de su cuidado y del culto en la iglesia de Santa María de Sión. Nadie puede ver  la caja de madera y oro, advierte, "uno se quedaría ciego". En la misma explanada de piedra y tierra, al otro lado del muro tras el que esconden el Arca, un joven mendigo se abre paso entre los devotos etíopes, que se aferran a la valla de la capilla buscando el consuelo de las oraciones de Abba Mekonem. El chico se arrastra semidesnudo por el suelo, con  las palmas de la manos. Busca la complicidad del extranjero. Quizá una limosna. Al llegar a su altura, alza la mirada y sonríe. Sus pies no son pies, sino muñone…

Encarcelado en su cuerpo

Sidati es saharaui y lleva cuatro años encarcelado en su propio cuerpo. Y por partida doble. Sus carceleros: una enfermedad aparentemente normal, que no se ha tratado correctamente, y unos campos de refugiados, los más grandes del mundo, donde falta hasta el oxígeno. Dice un proverbio saharaui que la "muerte es abrir la boca... y un gran suspiro". Y, entre suspiros, entre susurros, en un rincón de una habitación de una casa de Puente la Reina, junto a los monitores saharauis que acompañan a los niños refugiados que disfrutan de sus vacaciones en Navarra, Sidati se expresa débil y en árabe. Lo hace entre mantas, encogido, como un pájaro. No puede más. Su hijo Mohamed le acompaña. Le arrulla con la mirada a su pies. "Son muchos años. Ya no sirvo como persona. Sólo soy un peso para mi familia. Era yo quien les mantenía con mi trabajo. Me he vuelto un problema para ellos. No puedo andar. Ni comer. Tampoco sentarme. Estoy sufriendo mucho". Sidati Abderraha…