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Mostrando entradas de octubre, 2010

Líbano, la montaña blanca

El 31 de enero del 2000, el vuelo SN255 aterrizaba a las 19 horas en Bruselas, desde donde despegaría horas más tarde al Líbano, la 'montaña blanca', conocida así por sus cumbres nevadas. Otros historiadores lo describen como la montaña de los perfumes: Lubna, un tipo de árbol que abunda en el país y exhala un rico aroma.

Desembarco en Beirut. Me retienen en el control de pasaportes. Al parecer se están manejando documentos falsos. Prudencia. Son las cuatro de la mañana. Una hora más tarde, un taxista me deja en la entrada del Marble Tower hotel. Cobra 29 dólares. Es muy tarde para regatear,
Duermo tres horas. La luz intensa del amanecer entra en mi habitación, sin avisar. Sin concederme  un respiro. Renqueante me levanto. ¡Qué demonios hago aquí! (La misma sensación que en Sudán). Un café bien cargado  recompone. Tengo varios contactos apuntados en el cuaderno de notas. Espero que no fallen. Jorge, un miembro de las milicias cristianas que luchó durante la guerra civil en el…

En casa del Dalai Lama

Frío, mucho frío. Esta es la sensación al ascender la estrecha carretera que lleva a la misma puerta del cielo. Y al llegar, sorpresa. Unas camisetas de fútbol colgadas de una barandilla parecen estar ahí a propósito para dar la bienvenida. "You will never walk alone", dice una de ellas. Un reloj marca las doce del mediodía. Una vaca busca entre restos de basura. Callejuelas. Huele a picante, té con mantequilla y momo. Barrizal. Monjes. Monjas. Ruido, mucho ruido. Pitidos de claxon. Es hora de clase. Filosofía, a golpe de palmada. Preguntas. Respuestas. Incienso. Mantras. De nuevo, ruido. Turistas. Meditación...  Dharamsala, la casa del Dalai Lama. La tierra del exilio. Un enclave estratégico a 1.700 metros de altura. La casa de Tenzin Gyatso, el décimo cuarto Dalai. A los pies de los Himalayas. Una puerta en el tiempo. Un reloj de arena donde el silencio existe y no existe. Olor a leña.  






                                                  Entrada a la vivienda del Dalai Lam…

Intocables

Fotos copyright Iván Benítez

Las ratas del templo de Karni Mata, en la localidad india de Bikaner, reciben tres vasijas de leche y agua limpia al día. Los sacerdotes y feligreses que se acercan diariamente a este recinto sagrado se encargan de que no les falte de nada. Las veneran. Creen que estos roedores, unos 20.000, son la reencarnación de la diosa. Cuando uno sale del templo y deja atrás el intenso olor a rata que impregna los pulmones, uno descubre, no muy lejos de este manto de excrementos y mármol blanco, una nueva y cruda realidad, esta vez de carne y hueso. Una situación que yace en el asfalto de la cotidianidad de la sociedad hindú.

Hombres, mujeres, niños, niñas, mueren, literalmente, de inanición o por enfermedad, bajo las ubres de unas vacas a punto de reventar de leche. Son los intocables. Los impuros. Los excluidos.
La tradición y la religión lo dejaron claro en la noche de los tiempos. Hace tres mil años, las escrituras sagradas védicas, las leyes de Manú, clasificar…